Abelardo Castillo
[Entrevista realizada en el mes de noviembre de 2004 en el barrio de Congreso, Buenos Aires.]
Los personajes y el alter ego del escritor
Esteban Espósito es, en algún sentido, mi alter ego. Y digo en algún sentido porque ningún personaje en un autor, es precisamente él mismo, es más o menos él mismo. Y yo he descubierto que cuando se escribe en primera persona es cuando se puede inventar y mentir más, porque la primera persona es muy atractiva para el lector y sobre todo, muy convincente. Esa misma convicción que tiene sólo la primera persona es lo que nos permite hacerle hacer a los personajes cosas que de ninguna manera pertenecen a nuestra realidad
En el caso de Esteban Espósito, mentiría si dijera que no es de algún modo mi alter ego. Porque en El que tiene sed, por ejemplo, que es donde aparece por primera vez Esteban Espósito (aunque apareció por primera vez como personaje de un cuento, que hoy es un capítulo de El que tiene sed). El de El que tiene sed, es sin duda alguien bastante parecido a mí, o bastante parecido al que yo era unos años antes de escribir ese libro y, de alguna manera, me representa. Hablo del Esteban Espósito de El que tiene sed. El Esteban Espósito de Crónica de un iniciado, disputa la cercanía con el autor con otros dos personajes: uno de ellos es Santiago y otro es Bastián, al que Esteban Espósito detesta y odia en el mismo momento en el que es bueno. Entre esos tres personajes, Esteban, Santiago y Bastián, se hace una cosa más o menos cercana a lo que podría ser Abelardo Castillo. Sospecho yo. Sin duda también me debo parecer al doctor Cantilo, a Verónica, a Graciela, y a todos los personajes que aparecen en el libro.
- ¿Aún a los personajes femeninos?
Sí, por supuesto. Si un escritor no tiene algo de femenino no podría inventar un personaje femenino. Es decir, no se podría inventar realmente una mujer si no pusiéramos en acción, en el momento de escribirla, todo aquello femenino que hay en nosotros. En el momento de escribir, un autor no tiene sexo; es un híbrido. Es tanto mujer como hombre; es tanto ángel como demonio, para decirlo con otras palabras. Y también es un chico. De lo contrario, no podríamos escribir con verosimilitud a un chico, o un anciano. Abarca un registro muy grande. Pero, en lo sexual, yo diría que es una especie de hermafrodita. Cuando está escribiendo el personaje de una mujer, en ese momento, es una mujer. En teatro eso se siente mucho. ¿Quién era Shakespeare?, ¿era Ofelia o era Hamlet? ¿era Macbeth o Lady Macbeth?
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